Nota técnica N°36/2025 del ISP

Este es un documento pionero diseñado para transformar la gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) en el país. Esta nueva herramienta busca que las empresas, tanto públicas como privadas, dejen de aplicar criterios estándar históricamente masculinizados y comiencen a considerar las diferencias de género, biológicas y sociales al evaluar peligros en el entorno laboral.

Un cambio de paradigma: El género no es un peligro, es un factor determinante

La autora del documento, enfatiza que el género de una persona no representa un peligro en sí mismo, sino un factor que influye en la exposición y percepción de los riesgos. La nota técnica propone que una gestión eficaz debe mirar más allá de lo físico, abordando estereotipos, sesgos culturales y la división sexual del trabajo.

“Es fundamental fomentar una cultura preventiva libre de sesgos de género, violencia y discriminación”, señala el documento, alineándose con el Convenio 190 de la OIT y la reciente Ley Karin contra el acoso laboral.

Claves de la nueva metodología

La NT 36/2025 actúa como un complemento a la tradicional Guía IPER (Identificación de Peligros y Evaluación de Riesgos) y se estructura en cinco etapas fundamentales:

  1. Levantamiento Organizacional: Uso de un nuevo cuestionario para conocer el avance de la empresa en equidad de género.
  2. Caracterización del Personal: Identificar no solo cuántos trabajadores hay, sino también su género, edad, estatus migratorio y si presentan neurodivergencias o discapacidades.
  3. Identificación de Sesgos: Detectar tareas “invisibilizadas” en rubros feminizados (como salud o educación) que suelen ser subestimadas en las evaluaciones de riesgo tradicionales.
  4. Evaluación Diferenciada: Considerar que factores como la doble jornada (trabajo remunerado y de cuidados) afectan mayoritariamente a las mujeres, generando fatiga acumulada.
  5. Medidas de Control Adaptadas: Implementar cambios concretos, desde la adquisición de EPP en tallas adecuadas para mujeres hasta el rediseño de estaciones de trabajo que hoy usan estándares de altura masculinos.

El impacto en la seguridad: El caso de las fracturas

Un ejemplo práctico incluido en la nota revela la importancia de este enfoque: en una empresa con un 90% de personal femenino de entre 50 y 60 años, una caída al mismo nivel —que suele evaluarse como un riesgo “tolerable”— pasa a ser un riesgo “moderado”. Esto se debe a que la estructura ósea en este grupo puede ser más sensible (pérdida de calcio), elevando la gravedad de la consecuencia de una contusión a una posible fractura.

Recomendaciones para empleadores

El ISP recomienda que este proceso se realice mediante el diálogo social, involucrando activamente a los Comités Paritarios de Higiene y Seguridad (CPHS). Asimismo, las micro, pequeñas y medianas empresas pueden solicitar asistencia técnica a sus respectivos Organismos Administradores (Mutualidades e ISL) para implementar estas directrices.

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